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Bullying III: testimonios reales de víctimas parte 1

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Las víctimas de bullying han existido desde hace siglos, tal y como contábamos en el anterior artículo “Bullying II: origen y tipos de acoso escolar“.

En este entrega vas a encontrar testimonios verdaderos de víctimas de bullying. Ahora tienen 57 años, 44 años, 33 años, 32 años y 16 años respectivamente.

También leerás la vivencia por parte de la madre de la menor. Para que más padres entiendan cómo se percibe el acoso de los hijos cuando son víctimas de bullying.

Historias reales de víctimas de bullying

Todas las víctimas de bullying que han formado parte de este artículo resumen una parte de las situaciones vividas y aportan consejos para afectados y allegados. A continuación vas a encontrar por orden cronológico cada experiencia sufrida. Desde los años 60 hasta la actualidad:

Desde 1966 hasta 1976 bullying verbal

M.G., desde los 6 años hasta los 16 actualmente 57 años (Zamora)

Me llamaban gorda en el colegio tanto niñas compañeras de clase como algunas profesoras. También en la calle. Recuerdo un día, con seis o siete años, que la profesora me mandó leer un fragmento del libro diciéndome  “¡venga, tú, gorda, lee!”,

Así día tras día. Crecí sabiendo que era gorda y pensaba que no valía lo mismo que otras niñas porque no querían jugar conmigo.  Había chicas de mi colegio, también vecinas del barrio, que me insultaban cuando pasaba por su lado y no me dejaban entrar en ciertas calles de la zona porque era donde ellas jugaban.

Una vez, quise subirme a los columpios de metal del patio vecinal, pero el portero salió rápidamente y me dijo que estaba demasiado gorda para montarme y que los iba a romper. Nunca me dejó subirme.

En aquella época todo esto lo llamaban “cosas de críos”.

Si tienes un hijo al que insultan o pegan ayúdale y apóyale. Si quien lee esto está pasando por una situación de acoso escolar, del tipo que sea, habla y cuenta lo que te ocurre porque hoy sí hay medios para que te ayuden y los padres sí hacen caso.

Desde 1977 hasta 1989 bullying verbal y social

P.C.Desde los 4 años hasta los 16 años. Actualmente 44 años (Valladolid)

Desde muy pequeña sentí que no encajaba en ninguna parte. No hacía amigos con facilidad. Mi experiencia en el colegio no fue mala en general, pero algunos episodios me marcaron y me hicieron sufrir. 

Un día cuando tenía unos cuatro años, lo que antes era 2º de párvulos, tuve que salir a cantar en clase. La profesora tuvo que salir un momento, justo cuando yo iba a empezar. A las dos frases dos niños de la primera fila me llamaron gorda, se rieron y con ellos el resto de la clase… Este hecho cambió mi forma de verme. Cada vez que alguien ha criticado mi peso, ha hablado de lo que como o lo que dejo de comer… me ha venido a la mente este recuerdo y me ha hecho sentir pequeña, que valía menos por pesar unos kilos de más y mi autoestima se ha resentido. 

En primero de EGB, además de “gorda”, ya tenía gafas y unos zapatos ortopédicos para corregir mi pisada. Lo siguiente fueron las risas por las escaleras de niñas incluso de otros cursos, y frases como “esos zapatos son de subnormal” y “vaya gafotas”.

Yo llegaba a mi casa llorando y eso eran “cosas de niños”, que era lo que se decía antes… que yo no tenía que hacerles caso.

Recuerdo que otra vez que una niña me empujó contra las escaleras, caí y me di un fuerte golpe en la espalda, en la zona lumbar. Al llegar a casa un morado cubría toda esa parte de mi espalda. Mi madre se asustó, pero jamás se quejó al colegio ni se hizo nada al respecto. Y por suerte nunca se volvió a repetir.

Todo esto afectó mi infancia, mi adolescencia y ha llegado incluso a afectarme en mi etapa adulta; la baja autoestima ha hecho de mí muchas veces una persona insegura, y en ocasiones ha atraído a cierto tipo de “amistades” que se han aprovechado de ello.

No me atrevería a comparar mi experiencia con la de otras personas que han sufrido bullyng de manera brutal, pero si mi experiencia personal puede servir de algo, diré:

No son cosas de críos… Pide ayuda a un adulto, piensa que ellos crecerán y serán unas personas tristes. Recuerda que todo pasa, que te hará más fuerte, que aprenderás a valerte por ti mismo y eso quedará atrás. La vida es muy larga y muy corta a la vez, pero no hay que irse sin luchar.

Desde 1989 hasta 1994 bullying social

S.S., desde los 5 años hasta los 10, edad actual 33 años (Valladolid)

Todo empezó en el colegio con 5 años. Lo primero que recuerdo es que la mayor parte de la clase se reía de mí por ser la más bajita y empecé a acomplejarme. No tenía amigos y nunca hacía actividades ni iba a campamentos.

La única relación que tenía en el colegio era con una niña dominante y mandona que “quería ser amiga mía” a cambio de hacer ciertas pruebas. Como por ejemplo, sostenerme colgada por los brazos de unas barras de metal que había en un tejadillo en el patio del colegio y aguantar como podía colgada dos minutos. En otras ocasiones me pedía lápices, pinturas nuevas o cosas mías que a ella le gustaba y se las quedaba. Y si me chivaba me ridiculizaba delante de todo el mundo.

Se lo dije a mi madre al cabo de unos años y ella habló con la madre de esta niña pero sus padres defendían incondicionalmente a su hija y me culpaban a mí de todo.

Cuando llegaban alumnos nuevos al colegio yo descargaba un enfado inconsciente que tenía con ellos. Supongo que copié patrones de conducta que había tenido esta niña conmigo. Cuando hablé con mi madre me di cuenta de lo que estaba haciendo y dejé de hacerlo.

A partir de los 10 años, gracias a ir a actividades extraescolares, empecé a conocer más niños y a llevarme bien con algunos. Allí se dejaban las cosas, interactuaban sin burlas y me di cuenta de que lo que había vivido no era lo normal. Dejé de hacer caso a lo que aquella niña que me obligaba a hacer y se enfadó muchísimo. Con el tiempo me dejó en paz. 

Si estás siendo víctima de bullying no te lo calles: díselo a tus padres, a profesores. Es importante sacarlo a la luz cuanto antes, por ti y por esa persona que debe modificar su actitud cuanto antes.

1996 episodio de bullying psicológico y verbal

V.B.,a los 12 años, edad actual 32 años (Valladolid)

Con 12 años de la noche a la mañana cinco chicas del colegio, que eran dos años mayores que yo empezaron a insultarme por los pasillos (“caramono”, “hija de puta”, “asquerosa”…) y a acorralarme en los recreos. Frases como “ten cuidado que sabemos dónde vives” y “no tiembles que te vas a mear de miedo” las escuchaba casi a diario.  No entendía qué les había hecho porque no las conocía de nada más que de vista hasta entonces. 

Tras casi tres meses de aguantar sus insultos y frases me esperaron en el callejón de la puerta trasera del colegio para pegarme. No me pegaron porque ese  día llegué tarde a clase por una bendita cita médica –esas casualidades que a veces te preguntas si no lo son tanto- y me enteré de sus intenciones al poco de entrar en clase.

Estaba muy nerviosa y minutos antes del cambio de clase me eché a llorar. La profesora (era de la asignatura de música, nunca se me olvidará) se acercó inmediatamente a mí para preguntarme qué me pasaba y no pude más: había guardado esos meses silencio pero se lo conté todo. Ella me dijo que hablara directamente con ellas, sin miedo y que aclarase por qué me estaban haciendo aquello, y que si tenía más problemas con ellas que lo dijera en dirección.  Ahí decidí armarme de valor y plantar cara a aquellas chicas más mayores que yo. Hubo compañeros/as de clase, con los que no tenía mucho trato, que me preguntaron qué pasaba y lo conté por desahogo. No tenía casi trato con ellos pero me intentaron calmar y animaron a solucionar el problema con esas chicas.

Me enfrenté a ellas en un pequeño parque a la vuelta del colegio a la salida de aquella jornada de tarde y me enteré cómo empezó todo y por quién: Un chico que había repetido dos veces el mismo curso y al que un día contesté mal meses atrás porque no me dejaba oír en clase, se había inventado que yo las insultaba. Estas chicas iniciaron su particular guerra contra mí simplemente porque se sintieron ofendidas de que “una niña” dos años menor se metiera con ellas.

Hubo empujones por ambas partes, pero salieron en mi defensa dos chicos de clase. Tuve suerte y aquel día todo se frenó tal y como empezó, pero muchas inseguridades generadas entonces siguen muy presentes en mi día a día.

Si estás inmerso/a en una situación así no dudes en contarlo a tus padres, a tus profesores… ¡No te encierres! En mi caso duró un trimestre porque hablé, lo conté y planté cara, pero si no hubiera dicho nada lo mismo hubiera durado años.

Y si no eres víctima pero estás siendo testigo de bullying a otra persona defiende, no permitas que se lo sigan haciendo porque de lo contrario eres cómplice.

Aquellas dos personas que me defendieron evitaron que siguieran acosándome y que las secuelas fueran mayores.

Desde 2006 hasta actualidad bullying físico, verbal, psicológico, social y ciber-bullying

A.B.,desde los 5 años hasta los 16 (San Sebastián)

Tengo recuerdos desde los cuatro o cinco años en los que los niños y niñas no querían jugar conmigo. Yo no les había hecho nada, pero simplemente me decían que conmigo no querían estar.

Un día una niña me dio con un vaso en la boca y me hizo una herida. Mi madre se asustó mucho pero en el cole le dijeron que era cosas de críos. La verdad es que esa niña en cuestión no me dejaba jugar con nadie. Años después dejó el colegio, pero a mí me seguían haciendo vacío mis compañeros/as.

Estaba sola en los recreos y no sabía porqué me lo hacían. Mis padres iban día sí día también a hablar con profesores, dirección, incluso con madres de hijas que se metían conmigo, pero nadie les hacía caso ni les ayudaban.

En 6º de primaria un niño me empezó a llamar “Chihuahua”. Ese año repetí curso y ese chico pasó pero coincidí con su hermano. El mayor le dijo al pequeño que si me insultaba con esa palabra me molestaría mucho y se partiría de risa.

Cuando pasamos a la ESO creí que ya se pararía todo, pero me tocó con una amiga de este chico. Al parecer les gustaba reirse de mí. No me llevaba bien con ella, así que la tenía bloqueada en redes sociales.

Un día me viene otra chica de clase y me enseña el movil mientras me pregunta “oye, ¿eres tú esta chica?” Y me quise morir: la otra chavala había hecho un montaje con mi cara y una pegatina de hocico de perro, y lo había subido y difundido por Snapchat. Todo el colegio lo había visto y se mofaban de mí.

Me ladraban cuando pasaba al lado de grupos de gente en el patio, pasillos, por la calle… Pero fue aumentando todo: me insultaban, me quitaban cosas y me llegaron a tirar ropa por un puente que da a la autopista.

Recuerdo un momento difícil en mi familia en el que ingresaron a mi abuela. No podíamos llevar móviles a clase pero dada la situación mis padres pidieron permiso en dirección para que yo lo pudiera llevar por si pasaba algo en el hospital y accedieron. Me cogieron el móvil gente de clase que se metía conmigo, le quitaron la batería y me lo tiraron a un arroyo. Como no aguantaba más empecé a contestar a quienes me decían cosas y eso ya no les gustaba.

Ahí se complicó todo más y me llegaron a amenazar de rajarme, pegarme… En una ocasión me empujaron y yo lo devolví. Un profesor me pidió explicaciones y encima me culpó de todo. Lo curioso era que desde hacía años, cuando contaba algo que me pasaba era como si me culparan a mí de lo ocurrido.

Un día me enteré de casualidad por una pegatina en la calle sobre un teléfono de ayuda a víctimas de acoso escolar y llamé. Todo mejoró mucho. Allí super bien, me dejaron desahogarme y abrieron un expediente. Estuvieron siguiendo la evolución del caso, en el que intermediaron con el colegio. Por fin, tras recibir llamada de esta entidad, se implicaron desde mi colegio para ayudarnos.

La mejoría en mí fue importante: ya no me sentía sola. Me dijeron que no me callara nunca y que plantase cara a quienes me insultaran. Desde entonces, aunque me siguen llamando “Chihuahua” y muchas cosas más, no tengo miedo.

Sí es verdad que mis padres y yo hablamos de cambiarnos de colegio pero vivo en una pequeña localidad al lado de la ciudad: nos conocemos todos y no les quiero dar el gustazo a quienes me martirizan de irme con la cabeza agachada, ¿por qué tengo que irme? ¿Tienen más poder que yo y mandan sobre mí? Lo que sí he hecho es cambiarme de clase.

Les diría a otros chicos y chicas que como yo están sufriendo esto que lo cuenten, que no tengan miedo.

T.S., madre de la menor (San Sebastián, 45 años)

Cuando mi hija tenía 5 años empezó toda la pesadilla de la noche a la mañana. Un día salió mi pequeña llorando con el labio hinchado.  Con el susto en el cuerpo pedí explicaciones en el colegio y allí me dijeron que había sido cosa de críos, que una niña le había dado con un vaso en la boca y que se trataba de un accidente.

Pero mi niña salía todos los días llorando del cole y no quería ir por las mañanas. Insistiendo me dijo que esa misma niña del vaso le insultaba, le empujaba y cada día le hacía daño de una u otra manera. Fui a hablar con el colegio, pero allí no me hacían caso. Así que decidí tomar cartas en el asunto tras varias semanas así y hablar con la madre de la niña que le molestaba.  Ella lo negaba todo y decidí decirle a la cría acosadora que dejase en paz a la mía. Pero todos estos años, 11 ya, amigos/as de aquella niña y compañeros/as de colegio no han dejado de acosarla.

Insultos, agresiones como empujones, robos de móvil y ropa que han llegado a tirar por la autopista desde un puente se suman a apodos como “chihuahua” y un sinfín de situaciones lamentables que generaron durante años un cambio drástico en la forma de ser de mi hija. 

Nosotros íbamos al colegio muy a menudo para pedir explicaciones, pero allí no nos hacían caso.

Cuando mi hija cumplió 14 años, un día de tantos otros, regresó a casa llorando: me vino diciendo que no podía más, que se había enterado de un número de teléfono de ayuda para víctimas de acoso escolar y que necesitaba llamar. Ella les contó todo lo que llevaba sufriendo, y allí le dieron pautas para combatir toda la situación. Abrieron un expediente y fueron haciendo un seguimiento periódico. Trabajaron de intermediación entre el colegio y nosotros.

Fue curioso cómo rápidamente me llamaron de la dirección del colegio para decirme que cómo no lo había puesto en su conocimiento antes… ¡Llevábamos haciéndolo desde hacía 7 años! Pero no lo querían ni escuchar ni reconocer hasta que se activó este dispositivo.

El acoso ha seguido y sigue. Aunque mi hija desde entonces ha empezado a recuperar las ganas de seguir adelante. Está aprendiendo a hacerse valer y a no creer en todo lo que le dicen en clase.

Como madre de una hija acosada solo puedo decir que la educación empieza en casa, pero debe seguir en las aulas. No podemos negar evidencias cuando nos muestran imágenes de nuestros hijos insultando, pegando, etc. porque a mí me ha pasado con padres y madres de acosadores de este colegio que aún viendo grabaciones que mi hija tenía en su móvil me decían que eso era todo falso.

Me gustaría incidir en que, en este caso, el perfil del principal acosador es un chico de nivel económico alto, con padres trabajando, saca buenas notas y parece un buen chaval. Pido que no nos dejemos llevar nunca por las apariencias porque a mi hija la acosan chicos y chicas de todo tipo. 


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Redactora autónoma/Freelance y Blogger. Apasionada de la escritura, amante de la música, la cultura y la comunicación digital. Somos lo que decimos y nos define cómo lo escribimos.

Comments

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    Elena Pantoja Dominguez
    16/02/2019

    A MEDIADO DE LOS 90 (94-96) Fue durante el 1° curso del instituto que le repetí, y fue los 2 años, ERA TIMIDA PERO LOS COMPAÑERO ME TRATABAN MUY MAL, el 1° curso que llamaban DIVI, el 2° LERDA y algunos de los compañero de este curso me echaban en cara que en el 1° me llamaban divi, difamaban sobre mi(ME DROGABA, SI HABLABA CON UN CHICO LIGABA CON EL Y ERA UNA ZORRA, TENIA EL SIDA…), ME PEGABAN ENTE VARIOS, LO PEOR DE TODO NO ERA EL ACOSO EN SI PORQUE NO TENIA EL APOYO DE NADIE, Y NI SIQUIERA ESTABA EL PROBLEMA RECONOCIDO, CUANDO SE LO DIJE A MI MADRE AL FINAL DEL CURDO SE LAS LIMITO A ECHARME LA CULPA.
    EL 2° AÑO FUE MUCHO PEOR PERO EL 1° TAMBIEN FUE MUY MALO TENGO CASI 39 AÑOS, HAN PASADO 23 PERO LAS SECUELAS PERSISTEN

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    • Avatar
      Niki
      19/02/2019

      Ánimo es duro salir a delante con todo lo que te ha pasado lo entiendo por qué lo vive .

      Reply

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